miércoles, 24 de octubre de 2012

La hora del te


Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta. Se levanta sin prisa y sin sorpresa, pues estaba esperándola. Abre tranquilamente y la ve, hermosa. No se conocían, aunque se habían cruzado un par de veces. Nunca, pero nunca, la había visto así, radiante.
Le sonríe, con la satisfacción del que sabe.  La invita a entrar, pues es de mal gusto desatender a las visitas. Sirvió dos tazas, el té caliente y algunas masas.  Era la hora correcta.
Conversaron animadamente, ya no se acordaba hace cuanto que no tenía una charla tan intima.
Todo había sido tan imprevisto. Todo había sido tan cruel…  Fue necesario?  Probablemente no,  seguramente sí. Como sea, estaba hecho.
Terminaron el té, se dieron un fuerte abrazo y salieron, juntas, sin miedo.
Sabiendo que todo final, es solo un nuevo comienzo.

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